
La desesperanza, es sinónimo de apatía, inacción y de asumir una filosofía de que nada de lo que se hace tiene sentido, es la ausencia de “espíritu” o pérdida de esa esencia de ser humanos. El pensamiento predominante es “no me importa lo que suceda”. Otra característica son los sentimientos de fatalismo “yo no podría actuar así; yo no podría ser de esa manera”; no hay disposición para actuar afirmativamente y aunque las circunstancias externas se modifiquen, es probable que la desesperanza persista, porque los sentimientos mantienen el hábito de la inexpresión y de la incomunicación, ni siquiera se hace el intento por modificarla.
Es la respuesta emocional y conductual que precede a la depresión. Producto del cansancio mental y la fatiga emocional. Se caracteriza por ser la manifestación de experiencias negativas acumuladas, que no fueron correctamente procesadas, baja autoestima, experimentación de tristeza, apatía, cansancio físico-emocional, baja motivación, desinterés por todo aquello que nos rodea y que anteriormente era atractivo, presciencia de frustración, amargura y mucho pesimismo.
Con la de la perdida de la esperanza, todo pierde sentido, incluyendo el significado de la vida, afectando la autoestima, la sensación es de indefensión y vacío, que agravará más la situación. La desesperanza hace que se experimente también una gran apatía,
Esa sensación de vacío y sin esperanza repercutirá en el estado anímico, en todo el organismo, con repercusiones en el trabajo, en las relaciones sentimentales y sociales, y la familia. Además, detendrá el avance, no será posible mirar las posibilidades y el mundo parece apagarse.
Al igual que la depresión y los estados de ansiedad crónica, tiene en común con estas dos, la incapacidad para enfrentar situaciones las cuales parecen no tener solución. Cuando las expectativas negativas son persistentes, siempre prevalecerá la visión de túnel sin fin.
Metafóricamente hablando es como un gran golpe que aporrea tan fuertemente, que destruye las ilusiones, motivaciones, e incluso, las ganas de vivir. Es verdaderamente peligroso, debido a que cuando no se puede mirar la salida, podría darse una acción tan terrible como es el suicidio. La emoción de la desesperanza, se nutre de la amargura producida por los malos momentos. Al caer en ese pozo oscuro, en túnel sin salida, en el quiebre infinito y desolador, en el vacío infértil, en el abismo emocional, será muy difícil la recuperación. Solo cuando deja de abrazar a la tristeza, desaparecerá la desesperanza.
Mientras el corazón palpite, hay esperanza.
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