
La decepción es una emoción dolorosa que se experimenta cuando tras haber depositado unas expectativas en una situación o en una persona, la realidad rompe con ese ideal imaginado, planeado y que se esperaba sucediera, pero que finalmente no ocurre, o sucede de un modo distinto, dejando un amargo sabor de vacío. Se encuentra dentro de las sensaciones negativas producto de la perdida de algo o alguien, por una traición, un desamor, o cuando un plan o proyecto no prospero como se estimó o no se concretó. Es importante ser consciente de que lo que realmente decepciona no es la otra persona o el acontecimiento en sí mismo, sino la expectativa previa que se tenía en relación a ello. Por lo tanto, la decepción es un proceso interno y sucede cuando uno no se relaciona con las personas tal y como son, sino tal y como uno cree que son o tal y como quiere que sean. Muchas de estas expectativas también están basadas en las propias creencias personales o se construyen en consonancia con las propias experiencias. Por este motivo, en este proceso entran en juego factores como la idealización, la fantasía, los introyectos, la proyección, el deseo o la necesidad. Es una mezcla de pena y desconcierto causada por un agente externo en el que se confiaba y que aparentaba veracidad, no es consecuencia de una ilusión utópica irrealizable. La decepción destroza una certeza, una verdad que no se sospechaba que dejara de serlo, por eso nos toma por sorpresa dejándonos desolados. Por lo general viene acompañada de estrés, congoja, angustia, ansiedad, melancolía, rabia, tristeza y hasta depresión. Muchas personas jamás consiguen superarla sobre todo aquellas decepciones verdaderamente fuertes, duras y traumáticas, colocándolas en una actitud desesperanzadora e incapaz de una vida mejor, un futuro más prometedor, o un presente feliz, trayendo como consecuencia la pérdida de la perspectiva. Esto podría conducirlas irremediablemente al abismo de la constante inseguridad y la desconfianza hacia todos. Convirtiéndonos en seres muy desgraciados. El ser humano necesita confiar en otras personas, sentirse seguro, protegido por sus seres queridos. Ha de tener un refugio en gente cercana que le cuide, a fin de evitar asumir actitudes despóticas, desagradables, inseguras, mal pensante y negativas. La capacidad para superar los desengaños dependerá de la fuerza de cada persona, por lo tanto es subjetivo, así como la capacidad de hacer resiliencia para sobreponerse a la situación y evitar la frustración.
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