
El egoísmo es una emoción negativa y contaminante, que perjudica el bienestar emocional de quién lo sufre, afectando su dominio relacional. El egoísta tiene un desmedido, inmoderado y excesivo amor por sí mismo y por sus propios intereses. Su afán de conseguir aquello que anhelan es tan grande que es capace de cualquier cosa por alcanzar sus metas y anteponer sus intereses particulares, por encima de todo y de todos, aunque con ello llegue a dañar a sus seres más cercanos y queridos, sin sentirse culpable. Es en ese punto es cuando el egoísmo es perjudicial. Es una persona con un comportamiento toxico, narcisista que sólo mira por ella, poco empático, incapaz de ponerse en la piel de los demás, simplemente porque no le importa ni le interesa, no es generoso, es soberbio, inseguro, auto consentido, manipulador, mal educado, aislado en su soledad. El egoísta no puede ver lo que sucede alrededor, pues solo quiere escapar emocionalmente, para satisfacer su egoísmo. Buscan ser feliz, sin saber muy bien ni dónde, ni cómo, ni con quién. En esa desesperada huida, para satisfacer su egoísmo, se van a lo aparentemente más fácil, buscando compensaciones, huidas y placeres, apoyandose en el vicio de la avaricia. No se han dado cuenta que se disfruta más de lo que da, que en lo que se recibe. Es necesario aprender a blindarse de este tipo de personas. Por lo que se sugiere: Establecer límites desde el principio, en caso de que no los respete, aléjese de él; Mire por sí y cuida de sí mismo; conserve y cuide su propio bienestar. Cabe destacar, que anteponer nuestras propias necesidades no es algo negativo, sobre todo si está relacionado con el amor y el respeto a uno mismo. Es un sentimiento importante para la autoestima, el autocuidado y la capacidad para decir “no”. Desde esta mirada, se relaciona con la auto conservación, como un ejercicio sano y necesario, siempre y cuando vaya acompañado de la empatía,
“Aquel que regala una rosa a otro se queda con la fragancia en la mano”








